El árbol de fruta de pan se caracteriza por su follaje siempre verde y su origen se ubica en Polinesia para propagarse a lo largo de las islas del Pacífico desde tiempos prehistóricos.

En el siglo XVII, gracias a los ingleses, se empezó a cultivar en las Antillas para utilizar sus frutos como base de la alimentación de los esclavos provenientes de África, destinados a trabajar en las inmensas plantaciones de caña de azúcar. La consumían en diferentes formas como una ensalada de papa, también preparaban un pudin con leche de coco. Consumían también las semillas tostadas o hervidas y preparaban un puré según las costumbres de África occidental.

A finales del siglo XVIII los ingleses sembraron los arbolitos de pan de árbol en el Caribe. Se desarrollaron muy bien, debido a que crecen en clima tropical y fácilmente se reproducen.

En Costa Rica la fruta se conoce y se consume en la región atlántica. Se cocina con su cáscara sobre carbones o leños ardientes, girándola sobre el fuego. Una vez terminada la cocción, se separa de la cáscara el interior del fruto, que es suave y suculento.

Debido a su alta cantidad de agua y almidón, además de las proteínas y lípidos que se presentan en cantidades superiores a otros frutos, se considera una de las frutas carnosas más energéticas. Posee minerales como: potasio, calcio, fósforo, hierro, y vitaminas como la C, la más abundante. Se dice que esta fruta también puede prevenir enfermedades cardiovasculares, ya que contiene fitoquímicos que protegen al corazón de la arterosclerosis.